19 diciembre, 2006

15 diciembre, 2006

Elephant talk

No puedo hacer sino esto que hago, así, como lo hago, torpemente, sin gracia, a los ponchazos, pasando como el mítico elefante haciendo añicos las fruslerías que conforman el precioso capital del dueño del bazar. No es tampoco que sea Atila y que un impiadoso ímpetu conquistador me lleve a arrasar la tierra que piso. Es apenas una de las formas de la torpeza, ni siquiera la más flagrante o la más dolosa, apenas eso: un elefante en un bazar, hechando por tierra vasos baratos, jarros de agua y palanganas, pingüinos de vino, quemadores, calentadores, perchas, tendederos plegables, esas cosas simples. No puedo exhibir en mi beneficio una vocación iconoclasta. No ando por ahí vociferando el fin de los tiempos ni buscando aquello indestructible que tanto interesaba a no me acuerdo cuál anarquista famoso, creo que Malatesta. Claro, desprovisto de una motivación loable, difícilmente pueda conformar al dueño del bazar explicándole que es mi naturaleza de elefante la que me priva de la delicadeza que sus susceptibles escaparates reclamaban. Quiero decir: no se puede ser un elefante, meterse así nomás en un bazar y pretender luego salir por la puerta saludando con las orejas y bamboleando la cabeza como todo un artista mientras suena de fondo la musiquita del circo. No, señor, todo tiene un precio y debe pagarse. Lo que consecuentemente quiero señalar es que acumulo muchas deudas. Me encantaría poder pagarlas sin falta, pero algunas me las quieren cobrar usurariamente y, en todo caso, no tengo sino esta naturaleza de elefante que, sin gracia, torpemente, me llevará a hacer nuevos estragos en las oficinas de cobranza.

Sin embargo, debieran verme cuando con la punta de mi trompa levanto del suelo, separándolo de las ramas secas y el polvo, ese minúsculo maní que algunos amigos que conservo me regalan y, con gesto serio y concentrado, como conviene al rostro tristón de un elefante, lento, parsimonioso, me lo llevo a la boca para disfrutar de ese sabor seco y chiquito que tan bien acompaña, dicen, a la cerveza...




<META NAME="Note for further use" CONTENT="Para el 2007 debo excluir los títulos de King Crimson de mi vocabulario">

11 diciembre, 2006

El viento reposa

Cuando el viento reposa... ¿es como un monje budista en el segundo antes del nirvana?

En el fondo del mar, donde ya no hay luz y la presión es inconmensurable, el agua, apenas fluída, ya casi inmóvil, ¿reposa?

¿O reposa el oranguntán que ve pasar la selva en su mínimo marchitarse?

¿Es como el aliento contenido?

El viento reposa: apenas un sustantivo y un verbo.

Para delimitar el sentido de la expresión probemos cambiar una vez más el sustantivo. Digamos: el hombre reposa. Seguramente no cualquier hombre reposa. La mayoría descansa. Reposa el hombre que puede elegir no usar una energía que, sin embargo, tiene.

Al hacer reposar al hombre, la voluntad ejerce.

Pero, ¿qué pasa si hacemos reposar a algo sin voluntad?

Digamos: los planetas reposan. Reposan suspendidos, apoyados o colgados de la nada mágica de que está hecho el universo.

Y ese reposo magnético es como la deriva retenida que precede al abrupto acontecer de una anacrusa.

La anacrusa ¿empieza con su primer sonido, o empieza antes, contra el fondo de silencio que de golpe se retira para permitirle ser figura?

La anacrusa del cosmos se resuelve en los acentos de la polirritmia que forman las estaciones de todos los planetas, primaveras de Júpiter o Saturno, que seguro tienen.

Anacrusa o compás de espera... y en el movimiento de los planetas, ha cambiado el verbo: los planetas esperan. El hombre espera. Algo del orden del futuro ha preñado de tiempo el reposo del hombre y de los planetas.

Como ese hijo nuestro, que en tu vientre reposa.

Como el viento.

05 diciembre, 2006

Estudio No. 1 en sol menor y en tres movimientos, para soprano y barítono

"...quiero morder
el tallo de su rosa..."

El primer día, se quedó mirándome a los ojos, fascinada, y sonrió, como sonríen las mujeres cuando quieren hacerte pensar que, tal vez, te han elegido. Pero fue por sus labios del color de las rosas que crecen río abajo, rojas como si estuvieran a punto de reventar de sangre, salvajes, que supe que era ella. Tocó a mi puerta un día y me atreví a dejarlo pasar. Sin buscarlo, me encontré de pronto sumergida en el refugio de su abrazo mientras permitía que con mano segura secara mis lágrimas: decidí que sería mi primer hombre. Al otro día, vino con una solitaria rosa roja y me la ofreció a cambio de mis penas y de todos los fantasmas sin nombre ni rostro que me habitaban en lugar de otros cuerpos, otros rostros, otros nombres. Me preguntó si lo acompañaría a conocer el lugar donde crecen las rosas silvestres y apenas atiné a asentir tímidamente con la cabeza. El segundo día, le llevé una flor; era más hermosa que cualquier mujer que hubiera visto. Entonces, le pregunté si conocía el lugar donde crecen libres las dulces rosas silvestres. Al tercer día fuimos al río. Me enseñó las rosas y nos besamos. Después ya no sé: lo último que escuché fue un susurro; él estaba arrodillado sobre mi, con una piedra en la mano. El último día, la llevé al lugar junto al río donde crecen las rosas silvestres. Se recostó en la orilla (el viento tenía el brillo que pudiera tener un ladrón que triunfa en la noche). No le negué un beso de despedida: toda belleza debe acabar, murmuré. Después, planté una rosa entre sus dientes....

29 noviembre, 2006

Lisboa

Lisboa tenía el aire azul por aquellos días. Todo era correr por la calle naranja hasta dar con la nariz contra una puerta; entrábamos siempre (había mármol, unas sillas inglesas y una luz muy clara).

Tomábamos el té mientras mirábamos el mar por la ventana del salón. A veces, no nos alcanzaba el azúcar y le arrancábamos mechones de pelo a tu perro blanco, que dormía a nuestros pies, siempre.

¡El mar era tan verde! Contemplábamos las olas y nos hacíamos cosquillas en las yemas de los dedos, con las uñas. En la terraza, creábamos montañas de pelo blanco de ballena que caía de los aleros. (El perro estornudaba y trataba de atrapar al vuelo el vapor de pelo de ballena que se deshacía en el aire).

Nos zambullíamos en las montañas y rodábamos.

Estabas desnuda entonces.

Te tocaba la palma de los pies antes de que bajaras a la playa. El mar te esperaba conteniendo el aliento (Lisboa entera se estremecía con la apnea del mar).

Yo cerraba las celosías y rezaba. Tal vez llorara. Devoraba los mechones de pelo blanco de ballena que habían estado entre tus piernas.

Tu perro se quedaba en la terraza y miraba el cielo hasta que la lluvia le quemaba los ojos acuosos y le lavaba el pelo blanco, que escurría a chorros, como volcanes de edulcorante. Entonces se levantaba despacio y se iba a tirar debajo de una mesa de hierro forjado, pintada de blanco.

Lisboa entera (las calles naranja) espera que salgas del mar.

22 noviembre, 2006

Ocaso

"...y no es justo
que a un adicto a la piel
le duela el alma..."
Amar con lástima, Richard Coleman.


Aurora cierra los ojos e inmediatamente es de noche.

-¿Otra vez compraste boludeces?

"Debe haber algo más", pienso. Algo detrás de la compra del supermercado. Algo más que Aurora recostada en el sofá, con los ojos cerrados, dejando que el cigarrillo se queme entre sus dedos sin fumarlo.

-Compré un montón de cositas ricas. Pensaba hacer una fondieu.

-Qué rico. ¿Trajiste vino?

-Un chardonay de Nieto Senetiner.

-Te gusta gastar plata al pedo...

Algo más. Quizás eso que llaman los fantasmas del vino o algo en la suavidad de los quesos que pronto serán una crema amable. "Sin nada parecido a palabras". De ese modo pienso que el vago perfume de la madera ardiendo en el hogar podría bastar para crear la ilusión de placidez, como el humo del cigarrillo que Aurora se lleva ahora a los labios o el sabor áspero y prepotente que imagino inundándole la boca podrían bastar para crearle la ilusión de placer.

Ahora le hacen abrir los ojos. Nadie puede saberlo, pero eso me estremece... Miro con ansiedad por la ventana hacia afuera, mas no: las cosas son más complicadas que en los juegos de palabras. Ahí sigue la noche.

16 noviembre, 2006

No basta ser valiente para aprender el arte del olvido

La canción que acá subo me gusta por un dato musical y por otro poético. Me encanta la línea de guitarra que le hace fondo a la voz en la segunda parte, me resulta de una melancolía sobrecogedora.

Ese es el dato musical. El dato poético es el par de versos "hoy encontré tu olor / fugándose en la casa". Me parece una imagen conmovedora, tristísma. Hay que estar muy solo, en una casa muy vacia, y muy atento, o al menos no distraído en las banalidades de la vida cotidiana, para sorprender un olor en el momento justo en que se fuga.

Y el olor no es cualquier olor, es "su" olor, ese que le aprendió por haber estado en la cercanía que da el amor, un olor que es como la clara luna y los lentos jardines y cuya presencia, fugándose en la casa, impone la constatación de que ya no es mágico el mundo.

El olor era, pareciera, algo que le interesaba a Palo para la época de Don Cornelio. Me lo hizo recordar Ramiro, que posteó esta canción de Don Cornelio, del mismo disco que Cabeza de Platino, donde alguien pretende bajar (con su amada, me gusta pensar) al mismo infierno, "incontenibles, hasta donde el Diablo pueda olernos".

Eso es oler.

Por mi parte, aquí dejo Cabeza de platino

14 noviembre, 2006

Fertilización cruzada

Hace unos días, Kaco compartía su versión de una anécdota que involucraba a Picasso. En los comentarios, Luciana mencionó otra versión que ponía el énfasis en la prepotencia del tiempo que, por inercia, haría el lugar para lo que estaba ya en calidad embrionaria y que el artista manifestaba por adelantado, cual oráculo o profeta.

En el cruce entre ambas versiones, pensando si uno modela o no su propia fisonomía, yo recordé el monólogo de uno de los travestis de Todo sobre mi madre. En el diálogo con Kaco y Luciana, me pregunté si el retratista de la anécdota tenía menos la facultad de adivinar el futuro que la de ver el sueño, ese conglomerado de fuerzas que estaba operando y que haría que el retratado llegara a parecerse a lo que siempre soño de sí.

Estaba todavía en la reflexión sobre el lugar inaccesible entre el destino y el libre albedrío, entre lo que seremos porque no nos queda otra y lo que seremos capaces de construir con eso, en la inaprehensible grieta entre las estructuras estructuradas y las estructuras estructurantes, cuando llego a estos versos de Jorge Dipré: "...tomar la foto de lo que / seremos / escribir el poema / del advenimiento..."

Y encuentro (o me invento) un dibujo con todo esto ...

10 noviembre, 2006

...el tiempo pasa como oruga sobre hoja

... eso, hoja, y se la va comiendo. El tiempo de la hoja es medido por la parsimonia de la oruga, que dibuja el pespunte de su apetito hasta que pasa a ser otra cosa, radical y mágica transformación por la cual algo que ya estaba, embrión en lo que estaba, enredepente: ¡puf! eclosiona, ve la luz, se da al mundo como una palmada, un aplauso, un rotundo remolino de rémoras y renacuajos y ya está, es mariposa. Si la hoja tiene suerte, el huésped cumplirá su tiempo antes de que el anfitrión haya dejado de ser, devorado. Aunque la hoja llevará hasta que caiga, agotado su propio tiempo embrión en lo que estaba, las marcas del tiempo de la oruga, conocerá, si tiene suerte, el comienzo del invierno, hasta donde ni en sueños piensa llegar la mariposa...

06 noviembre, 2006

Tres golpes

A ver, hagamos la prueba. Digamos, digamos que el sexo es muerte. Digamos que el hastío, y que la mujer no existe, y que puto el que lee. Digamos, digamos todo eso y veamos qué ha cambiado. Si acaso tu boca fuera a acercarse más por eso, si acaso mi coraje fuera a ser más como para intentar el abrazo y el beso. Ahora que lo hecho hecho está y qué remedio, ahora que la otredad rotunda de esos otros de que somos causa y origen y circunstancia nos convoca a quehaceres nimios pero no por ello menos vitales, ahora que el termómetro marca 38 (y medio) y las vísceras se han dado vuelta como guante, como media, como bolsa de nylon, como explosión de bilis y moco y sobre todo eso, ¿no?, como si decir todo esto así o asá fuera a hacer que mi coraje y que tu boca, que la fiebre y que esos otros. Nah, no es así, o no necesariamente, no es cuestión de abundar en truculencias cuando a veces el pánico es tan minúsculo como esa gota, esa lágrima, esa cosita de nada, gracias, de nada, no hay de qué, no hay por dónde, no hay cómo, si no sabrías explicar el por qué del miedo y, si supieras, ¡qué remedio!, ¿quién puede sentir tu miedo en tu lugar?, porque el pánico no entra en la palabra, o entra, pero no se queda, o si, quién sabe. A ver, hagamos la prueba: digamos "cadáver" digamos "podredumbre" digamos alguna otra palabra grande, bruta, violenta, a ver, qué pasa, ¿se ha manifestado el fantasma?, ¿la señora gorda que nos hizo juntar las manos sobre la mesa ha comenzado a levitar? Escuchen, vean: ¡fueron tres golpes! ¡Yo los escuché! Con la diáfana claridad de los timbales. Tres golpes, o 400, ¿fantasma locuaz o apenas obse?, ¿conoce la diferencia la señora gorda? Ahora murmura. Quiere llevarnos a creer que tiene algo que decir o que algo le ha sido comunicado, que para eso es medium. Entremezcla palabras grandes, violentas, brutas. Si hasta ha logrado hacernos sentir su aliento fétido (¿habrá estado chupando una pija sucia?). A lo mejor sí, el fantasma ha venido a satisfacer el morbo de los oficiantes, que inclusive, hacen como que tienen miedo. Fueron tres golpes. Y los escuché claramente.

26 octubre, 2006

Three of a perfect pair

"El proceso de llegar a conocerse a sí mismo, enfrentándose a la propia contingencia, haciendo remontar a su origen las causas, se identifica [para Nietzsche] con el proceso de inventar un nuevo lenguaje, esto es, idear algunas metáforas nuevas. Porque toda descripción literal de la identidad de uno -esto es, todo empleo de un juego heredado de lenguaje con ese propósito- necesariamente fracasará. No se habrá hecho remontar esa idiosincrasia a su origen, sino que meramente se la habrá llegado a concebir como algo al fin y al cabo no idiosincrásico, como un espécimen en el que se reitera un tipo, una copia o una réplica de algo que ya ha sido identificado. Fracasar como poeta -y, por tanto, Para Nietzsche, como ser humano- es aceptar la descripción que otro ha hecho de sí mismo, ejecutar el programa previamente preparado, escribir, en el mejor de los casos, elegantes variaciones de poemas ya escritos."


Richard Rorty, en La contingencia del Yo,
Contingencia, Ironía y Solidaridad.


Bueno, estoy copypastero estos días, o transcribidor, que a los fines que me interesan vendría a ser lo mismo. Pasa cuando uno lee. ¿Y a qué viene esta larga cita de Rorty? Es mi reacción a la primera impresión que me causó este post de Carlos en su Añadiduras.

"Elegantes variaciones de poemas ya escritos". Y la pucha si el psicoanálisis es un gran poema que nos tienta a buscarle variaciones. Pero si algo hemos aprendido de él es que la elaboración de lo siniestro que preocupa a Carlos, que puede llegar a manifestarse desde un registro inefable, no es un esfuerzo por situarlo en la cuadrícula de las metáforas antiguas, literalizadas, creadas por otros, que siempre serán insatisfactorias o lo revelarán pueril. Para pensar eso me sirve Rorty, porque para él, repensando a Nietzsche (y a Freud, por cierto), el esfuerzo es más parecido al de crear un nuevo poema, "idear algunas metáforas nuevas".

Es cierto que para eso uno no tiene a su disposición sino las metáforas que le han sido dadas (el lenguajes es por definición ajeno), las que creó otro: la poética de Bolaño, la filosofía de Rorty, "lo siniestro" de Freud, si queremos. Esas viejas metáforas (¿acaso lo "heimliche"?) son la base a partir de la cual crear las nuevas.

Siempre me interpeló el isomorfismo (¿acaso superficial?) entre el triángulo edípico, la "herejía" lacaniana y la semiótica triádica de Peirce. Ni los niños ni el lenguaje nacen de un repollo. Los repollos nada saben de triángulos: son hermafroditas.

24 octubre, 2006

Y lo llamó "nota"

"Man's life as commentary to abstruse
Unfinished poem. Note for further use."

Don Juan Sombra, en Pale Fire, de Vladimir Nabokov, 1962.

17 octubre, 2006

Sign o' the times

De la última de Almodóvar me impresionó una cosa que se enganchó con mi propia reflexión acerca de cuál es el tiempo que habitamos. Visto desde ahí, el personaje de la tia Paula, la que "vivía en el pasado", se torna un personaje clave para leer a todos los demás personajes, que se revelan también, si no habitando llanamente el pasado, viviendo varios tiempos a la vez. La vemos a Raimunda habitar el aeropuerto y el espacio de los celulares, artefactos de presencia insistente en toda la película, una modernidad publicitaria, atributo que se adhiere a la hija (personaje con el que se superpondrán también dos tiempos que tendemos a suponer sucesivos o excluyentes), y desmoldar un flan de huevo cocinado en una vieja y abollada flanera de alumnio. Habla de fantasmas y aparecidos como si tal cosa, sin que ninguna prevención racionalista moderna se active, en ningún diálogo. Habita, entremezclados, Madrid y el pueblo de la infancia. "Es el pasado que vuelve..."

Cómo no va a volver lo que nunca se ha ido, me lleva a pensar Pedro...

11 octubre, 2006

Ella tiene un cutis...

...macilento. No se me ocurre otra palabra, a pesar de que "macilento" me resulta casi un arcaísmo, una palabra cuyo sentido desconozco o ya no me pertenece. ¿Cómo es, cómo puede ser, un "cutis macilento"? ¿Qué otras cosas que un cutis pueden ser "macilentas"? No sé cómo se usa la palabra, desde qué cara, o con qué decisión o modestia podría ser dicha. Claro que puedo recurrir al diccionario. "Flaco y descolorido", dice. Entonces sí, podría usarla para darles la idea: ella tiene una piel descolorida. Aunque no sé si descolorida, porque bien mirada tiene un vago tinte diría que verdoso. Capaz que es un efecto de la luz que entra por la ventana, porque pareciera que su piel carece de luz, dicho en dos sentidos: a) tiene ese tono apagado que otorga el prolongado encierro, esa falta de exposición al sol hace que b) una piel no ilumine, no irradie, no emita, a su vez, luz.

Y su cuerpo. Un cuerpo enjuto. Ahí tienen. Parece que toda ella transmite antigüedad; a pesar de su ropa nueva y elegantemente combinada, no se me ocurre decir de su cuerpo otra cosa sino que es un cuerpo enjuto. ¿Y qué catzo es un cuerpo "enjuto"? ¿Quién usa todavía esa palabra? ¿Y de dónde la habré sacado? Nadie en mi familia, ni en mi barrio ni en mi lugar de trabajo la emplearía espontáneamente, creo, si no fuera para hacerse el gracioso, el rebuscado. Creo que yo la he sacado de libros (ya digo: rebuscado), especialmente traducciones. Novelas policiales, ponele. Nunca falta un personaje de "cuerpo enjuto". Pero bueno, el de ella podría describirse así. Será por su marcada delgadez o por los hombros angostos, que sin embargo no parecen caídos, coronando una espalda curvada. No, su espalda es recta. Si hubiera estado curvada y sus hombros caídos, lo hubiera dicho de esa manera: "ella tiene los hombros caídos y la espalda curvada" y quizás no me hubiera privado de apuntar una fórmula convencional del tipo "como abrumados por alguna de las formas del cansancio", o algo por el estilo. Pero no es el caso, su postura es erguida. Y tampoco es la delgadez, sino la sensación de que algo falta en ese cuerpo, o, sería mejor decir, algo le ha sido quitado, como hace unas líneas decía lo de la luz. Aunque parece algo quizás más inmaterial, como una falta de energía... o no, pensándolo bien, no es eso, es una falta de densidad, una ausencia de masa, en definitiva, algo bien físico: un cuerpo enjuto.

Energía no le falta. Sus modos son bruscos, violentos, como si estuviera enojada. "Estará enojada", podrán decirme ustedes. Y sí, claro, pueden tener razón. Quizás esté enojada, pero se trataría de una especie de enojo perdurable, uno que alienta la forma airada con que cierra la portezuela del compartimiento de equipajes exhibiendo su diestra huesuda y tensa, que inspira la violencia con que se deja caer en su butaca, pero sobre todo, que determina la expresión de su boca, incansablemente fruncida (aún cuando luego de un rato de trayecto se ha dormido), adoptando eso que no puede llamarse sino un rictus, es más, un rictus amargo, vean ustedes, eso: un rictus amargo, que no otra cosa puede decirse de esa expresión.

Algo ha sido quitado de ese cuerpo, de esas manos huesudas, de esas tetas chicas que no podría comparar sino con uvas pasas, o ciruelas, o hasta duraznos, para no dar la impresión de que son tan chicas, porque no es una cuestión de tamaño, pero en todo caso pasas, frutas de las que, por definición, ya lo digo, algo se ha quitado. Y cuando por fin se para y le miro el culo, descubro una aparente paradoja: un culo flaco y caído. ¿Puede haber algo más triste que un culo flaco y caído? Conozco culos gordos que, por acción de la gravedad, impiadosa con su exceso, lucen caídos, pero no transmiten tristeza. Es más, recuerdo un par de danzante alegría caribeña casi literalmente desbordante e incontenible. En cambio, un culo flaco y caído me resulta triste de toda tristeza, un culo que dibuja la curva propia, inequívoca, de la línea que determina el sentido del emoticón de la pena. La misma curva dibuja su boca, algo que tiene que ver, sin dudas, con la gravedad, y no sólo la que ejerce la Tierra.

Decía un personaje de Poe: "cuando quiero saber qué está pensando alguien, trato de imitar la expresión de su rostro", y si no era de Poe era de alguien más y no tiene la menor importancia. La cuestión es que me pregunto si ella será una persona triste. Podría, en el próximo viaje, intentar hablar con ella, ya se sabe: las apariencias engañan, lo esencial es invisible a los ojos y etécetera, etcétera, etcétera...

09 octubre, 2006

Esos amables bichos de exterior...

Lo terrible del discurso publicitario no es, a veces, tanto lo que dice como lo que da por sentado.

El afiche anuncia un alimento para mascotas, para gatos, y lo presenta en dos variedades: para gatos de interior y para gatos con acceso al exterior.

Perdón: ¿cómo es eso? ¿"Gatos de interior", dijo usted?

Veamos qué cosas, al menos para mí, son de interior: el látex, por ejemplo. Hay látex para interiores y látex para exteriores. Muebles, sin duda: hay cierto mobiliario que podría llamarse "de exterior", lo que, por oposición, nos permite pensar en muebles "de interior". Y están la plantas, las de interior, que todos sabemos que no son más que las víctimas frágiles de un clima adverso que no les permitiría vivir sin la esforzada artificialidad que les provee un "interior", y las otras, las de exterior, las que, no otra cosa, se adaptan al clima así como viene, aunque todas desgajadas definitivamente de su ser en la naturaleza para devenir entes decorativos.

Entonces, ¿los gatos? Gatos decorativos, afines con la pintura, los muebles y las plantas, con ellos de hecho combinados, gatos fotográficos condenados a una existencia castrada de adorno (que no horkheimer).

¿Y el acceso al exterior? Mentalidad urbana, gatos con departamentitis que, del exterior, sólo tienen el acceso. En mi universo suburbano un gato no es sino una alimaña "de exterior" que sólo por descuido accede al "interior", para robar un resto de comida que ha quedado sobre la mesada, de donde será desalojado con un chistido o un repasadorazo, más chasqueante que flagelante. De este modo, el gato es un bicho afín con ranas, sapos y culebritas, con las que por cierto mantiene un vínculo digamos que hostil, al menos desde el punto de vista de las ranas, sapos y culebritas, por no hablar de benteveos y zorzales que, a la primera de cambio, aparecen como desplumada, despanzurrada ofrenda en la puerta de casa, junto al tacho de agua.

Esa afinidad, sin embargo, no desdibuja la especifidad de mascota que reviste a los gatos, ese vínculo caprichoso por el cual merecen las caricias y los abrazos, pero que no los libra del acoso de los perros, alimañas de exterior también, a veces hostigadoras y ruidosas, pero a su vez candidatas al mimo. Después de todo, el hombre de campo establece vínculos afectivos con su caballo, una vaca, y por qué no decir las ovejas, aunque la mención de esta especie linde el mal gusto o la chabacanería. Y cómo olvidar a la chancha Élida, la que pudo escapar, dice mi madre, a su destino de jamón por haber obtenido la gracia de un nombre humano, muriendo de vieja.

Gatos de interior, gatos con acceso al exterior. Dicho en serio, pero algo así como lo del atún...

05 octubre, 2006

Mala luna

Pasó en el barrio. No sé si son casualidades o si es la luna y los planetas, que adoptan realmente alineaciones funestas.

El Negro tenía una casa, un perro, un auto. Y una esposa. Parece que la esposa ya no lo quería. No era un pendejo, el Negro, era un tipo grande. Parece que le dijo a su esposa que no podría tolerar que se fuera. Parece, dicen las mujeres del barrio. Su casa era una linda casa, de dos pisos, con una terracita balconeando hacia el jardín. Parece que la otra tarde estaba en el balcón y llamó a su esposa. Tenía su revolver en la mano, porque Jorge tenía un revólver, esas cosas de la vida suburbana de estos tiempos que nos tocan. Se pegó un tiro, ahí, para que ella lo viera.

Trato. Pero no puedo imaginarme el momento en que ella salió al balcón, trato de figurarme su cara, primero el desconcierto, la angustia, qué hiciste boludo, hijo de puta, la bronca. ¿Lo habrá tocado? Para reanimarlo, para confirmar lo que no podía ser, o habrá huido, escapando de la visión horrible. En el momento exacto de comprender lo que estaba pasando, ¿lo habrá vuelto a amar o lo habrá definitivamente odiado?...

¿Y, Nena? Ay, ¿qué pasó, Nena? Le dió la teta a su bebé, en medio de la noche. Estaba cansada y se quedó dormida. A la madrugada se despertó el marido y la despertó a ella, la sarandeó, fue él quien se dió cuenta. Salieron a la calle. ¿Nadie me para, nadie me vé? La calle, ahí, cerca del arroyo, es tan desolada y fría. Hasta que se tiró al medio de la calzada, se le cruzó a uno, que la llevó al hospital con su bebé muerto en brazos, así, en brazos, ya se sabe: como cuando dormía, una bolsita de huesos fláccida y tranquila. Acá tengo el diario, que dice que lo ahogué, que me quedé dormida y lo aplasté. El médico me dijo que fue muerte natural, muerte súbita, no sé.

El entierro fue modesto, le dibujó la cruz con un ladrillo. Ahora está juntando plata para comprar una plaquita, una plaquita así, y hace con las manos un cuadradito chiquito. Una plaquita así, para que esté mejor.

Pasó en mi barrio. Y esta noche prefiero pensar que la luna, los planetas y las estrellas pueden alinearse en constelaciones funestas. Prefiero eso, porque pensar que es porque sí, que así como fue podría no haber sido, que nadie lo dicta ni en ningún lado está escrito, es todavía más atroz, tan atroz...

02 octubre, 2006

Detrás de los cristales llueve y llueve

Claro que llueve. No vamos a tener un blog para dar noticias meteorológicas: llueve. De arriba pa' bajo, como decía un vecino, y me viene a la cabeza un cierto clima en la cocina de un departamento en la calle Seis, la hornalla prendida, la pava en la mesa, el mate yendo y viniendo y la charla o la radio. El ir venir del mate, tan afín al de la lanzadera en el telar, la alacena naranja, presencia y luz insoslayable, el panorama gris hacia el barrio El Mondongo, los techos y las paredes, empapados, rotosos y descascarados, unas tipas de fondo y la lluvia, que parece que va a arrastrar a la ciudad a fuerza de durar días y días, hasta volcarla en el Plata, pero no, ahí sigue todo, mojado y cansado y vuelto a mojar, de afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera, las paredes mohosas y los patios vacíos y la charla y Radio Universidad y el mate que teje, teje y teje...

29 septiembre, 2006

Matar al padre

Más reflexiones metablógicas, en unilateral contrapunto,
inspiradas por la involuntaria dupla Hargén-Soler

Cuando nació el cine, muchos decían que no era más que un divertimento para iletrados que no sería nunca capaz de vehiculizar las altas aspiraciones del espíritu. Por suerte, hubo gente que hacía cine que logró dejar de sentir culpa o sentimiento de inferioridad ante las artes "nobles" en las que buscaban razón: la literatura, el teatro, las artes plásticas. Se dieron el lujo de aceptar su herencia de circo y de vodevil, aprendieron lo que les servía aprender y hubo cine.

¿Es productivo dejarse arrastrar por el prestigio malicioso de las artes burguesas? Está claro que el blog no es literatura, por lo menos no en el sentido que conviene al mito del Autor, al concepto de Fama, a la apropiación privada de riqueza social y al negocio de las editoriales y su star system (y eso estaría por verse, contrapruebas no faltan).

Pero, qué tanto: hagamos, si nos va deseo en eso, el blogging más honesto y mejor que seamos capaces.

Y que sean blogs.

28 septiembre, 2006

Atún

Animal gregario, redondo, chato y de cáscara muy dura, que se agrupa formado pilas según el color de la piel. Existen dos variedades principales, discriminadas de acuerdo con la presencia o no de aceite en la carne. Es muy apreciado para la elaboración del vitel toné, lo que provoca sobre las poblaciones de estos sedentarios animales, a fines de diciembre, un aumento estacional de la presión depredatoria.

19 septiembre, 2006

Reloj biológico

Dícese de un dispositivo orgánico no creado para ese fin pero susceptible de ser empleado para medir el tiempo a causa de la regularidad de sus comportamientos. Ciertos modelos jóvenes pueden ser utilizados como infalibles despertadores. Estos últimos, sin embargo, resultan de difícil cuando no imposible reprogramación.

Como mi niña, sin ir más lejos, que, sistemáticamente, insiste en despertarse a las 6:00 de la mañana, incluso sábados, domingos, feriados y fiestas de guardar.

18 septiembre, 2006

Sombra de sombra de sombra o la recursividad infinita

Leyendo un post de Tino que
elabora uno de Miguel.

A ver, examinemos la hipótesis: el orden crea el sentido, una idea un poco dadaísta, y no al revés. Arrejúntese un montón cualquiera y, sea por el gen que mienta Tino o por lo que fuera, el sentido surge, cadáver exquisito.

Participo del pensamiento de que el sentido no es algo que "está" en los signos, imponiéndoles su orden y esperando ser revelado, sino que es algo que "se construye" en la circulación de más y más signos.

Sintagma (la sucesión, inevitablemente, en el espacio y el tiempo) y paradigma (la colección asociativa) son ese mínimo de dos órdenes posibles. Qué sintagma y qué paradigma ya es otra cuestión: el punto está en suponer que hay "un" orden ("un" sintagma, "un" paradigma), el bueno, el que expresa la privilegiada e iluminada Intención del Autor, la Naturaleza del Ser, la Palabra de Dios.

Dicen que un sultán se disponía a quemar la biblioteca de Alejandría. Arderían los manuscritos de Aristóteles. "Si esos textos hablan de Alá, repiten el Corán. Si no hablan de Alá, no merecen existir". Y la quemó. Qué tanto.

¿Y si todo es vértigo? Ordenar como propone Miguel, arrancando como gallito ciego, ordenar aceptando las limitaciones que impone la física como dice Tino, ordenar como Mussorgsky, descartando lo que no le servía para hacer su música, ¿cuál es la diferencia? No la hay, salvo que aceptemos la hipótesis de que uno de esos ordenamientos es el bueno, el justo. Y esa hipótesis, más tarde o más temprano, lleva al integrismo y al auto de fe. El ejemplo de Mussorgsky que trae Tino es interesante porque es lo contrario: aceptar que leer es crear.

15 septiembre, 2006

Los blogs tomaron la posta de la telenovela

(A propósito del comentario de Eduardo aquí mismo y
de estos comentarios en Hargentina, por mencionar dos disparadores)


Y no lo digo solamente por fenómenos como el que causó el culebrón de "Más respeto que soy tu madre". No, no me refiero a convenciones del género, a modos de lectura o apropiación, no.

Me refiero a algo que leí alguna vez no recuerdo dónde acerca de que la telenovela, ese fenómeno tan bellamente latinoamericano, había hecho un gran servicio a favor de la difusión de las hablas variopintas de nuestro hispánico mundo, saltando barreras, desprovincianizándonos, acostumbrándonos a vivir la diversidad.

Hoy, las novelas claudicaron en ese empeño: recuerdo la chilena "Machos", patéticamente doblada a un español "neutro", ese que se imaginan los cipayos que viven en Miami que deberíamos hablar en todo el continente para su solaz y mayor lucro.

Ante esa claudicación, aquí, en los blogs, hacemos circular amablemente esos vocabularios variados, ampliando nuestro repertorio de sinónimos y, todavía más, desprovincianizándonos.

Digo yo, que no soy quien.

"Desecho en madejas..."

Sigo explorando esta cuestión de la fragmentación y me acuerdo de esta alegre y pum para arriba canción de Míster América, la banda liderada por Gustavo Astarita, uno de los más sensibles poetas rocker de La Plata, IMHO (ahí está también Francisco Bochatón, más conocido quizás allende los límites de La Plata, pero Astarita... ¡Astarita!).

Que un esclavo pueda estar "deshecho en madejas" es una imagen afín a la de la catedral de hormigas: el esclavo es el efecto de superficie de todas esas madejas, en las cuales, sin embargo, puede deshacerse.

¿Y esclavo de qué? "De mi ego aburrido". A la larga, la sospecha que nos asalta es la de que el propio ego es el efecto de superficie de enrevesadas madejas: ilusión de unidad.

A la salud de las minúsculas e innumerables partes de que estamos hechos, Esclavo, de Gustavo Astarita:

17-Esclavo
17-Esclavo.mp3
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14 septiembre, 2006

Mirada (speed)

Pasa, a veces. Ponele que vos estás sentado en un bar que no frecuentás, digamos que tomando un café y leyendo el diario, completamente abstraído, haciendo tiempo. De pronto, ponele, se hace la hora. Levantás la vista y le hacés a la moza, porque en este bar atiende una moza, que está acodada en la barra, ese gesto de alzar el brazo y cerrar la mano como sosteniendo un lápiz, una birome, una pluma de ganso, para luego sacudirla en el aire, como trazando un garabato, una rúbrica, un firulete. La moza te trae la cuenta sin mirarte, sin mirarte te cobra, te agradece las monedas del vuelto que le indicaste que se guarde y se vuelve a la barra. Vos encarás para la salida y ahí, al pasar, ella, que no es la moza, que está sentada tomando un café o una sprite con su novio, marido, amante, amigo, pretendiente, secreto enamorado o simple circunstante, te clava la mirada, y vos te das cuenta que te mira, y ella se da cuenta que te das cuenta y te sostiene la mirada todo el tiempo que la trayectoria que llevás lo permite, hasta que alcanzás la puerta y salís a la calle, punto en que este retazo de historia se termina a los fines que nos interesan, así, diluida, como esas miradas azarosas que a veces una mujer le dedica a un hombre, vaya usted a saber cuál, un poco impúdicas, pero, desde tu punto de vista, inconsecuentes.

13 septiembre, 2006

Ilusión de unidad

I


Dice la crónica que el sujeto comenzó un día, con firme convicción, el proceso de desmontarse pacientemente. Le costó sudor y lágrimas, pero finalmente tuvo sobre la mesa un desparramo de piezas sueltas, inconexas, y no supo qué hacer con ellas. Las miraba, les estudiaba los bordes y ponderaba los encastres, pero las muy putas se negaban a amalgamar para constituir un todo del cual dar razón. Desmontarse uno mismo es una empresa de riesgo, porque no hay manual de instrucciones para recomponerse, no hay PDFs al respecto ni en la web ni en las redes peer to peer. El sujeto quedó solo frente a la mesa, cual turco en neblina, cual perro en bote o cancha de bochas, notando que ciertas piezas parecían sobrar, que otras se habían perdido, que otras nunca estuvieron y hubieran sido bien necesarias. Eso: que a veces uno siente que se desmorona como una catedral de hormigas y que los bichitos (colorados, negros, culones o no, qué mas dá) se deseperan por lograr de vuelta una ilusión de unidad, una forma reconocible, un atado de algo.

II


Parece ser que en alguna selva de un lugar inundable, pongamos que sea el Amazonas, hay unas hormigas que establecen sus hormigueros en los huecos de los árboles. Lo peculiar de estas hormigas es que, cuando en una crecida del río el agua alcanza el hormiguero, los bichos, de un color anaranjado muy brillante, se prenden unos a otros formando una especie de balsa y se dejan arrastrar por la corriente, llevándose reina, huevos y crisálidas. Las obreras que quedan debajo del montón, metidas en el agua, se esfuerzan por escapar hacia la parte de arriba, otorgando al conjunto un aspecto inquieto e inestable. Y ahí va la balsa de hormigas, a la deriva en medio de la inundación, cambiando agitadamente de forma como una ameba nerviosa, hasta que toca algún tronco que sobresale del agua. Las hormigas se prenden al tronco y la balsa se descompone súbitamente en minúsculas y numerosas partículas, ya no balsa sino un montón de hormigas que buscan el hueco donde fundarán su nueva colonia.

08 septiembre, 2006

Nos mudamos, mudamos

testglosa.bitacoras.com
se convierte en
catedraldehormigas.blogspot.com
(y www.glosa.com.ar pasa a apuntar al nuevo blog)

Bitacoras.com me pudrió. Una pena, porque es un servicio con muchísimas virtudes, pero está inestable y parece ser una cáscara abandonada a los vaivenes de la marea. Se cuelga, se cae, el blog queda inaccesible, no se puede comentar. Listo, yastá. A otra cosa.

Blogger beta ofrece ahora varias de las cosas que me hacían preferir Bitácoras. No sé qué tanto más estable será, he visto a muchos usuarios Blogger quejarse de las caídas del servicio, pero le daremos la chance.

La mudanza me da la oportunidad de repensar el asunto y concluir que Glosa ha cumplido su ciclo. Un nombre prestado y una referencia que ya no me sirven.

Busco en mi propio vocabulario y encuentro mi Catedral de Hormigas, una construcción hecha de innumerables aunque no infinitas, en todo caso inquietas, partículas que, vista lo suficientemente de lejos, puede crear una ilusión de unidad. Un atado de algo.

Lo escrito en Glosa queda ahí, para sorna y melancolía. Lo cual no será óbice, como gusta decirse, para que vuelva a publicar aquí viejos textos que, de alguna manera, halagan todavía mi vanidad.

No seguimos viendo...

Pablo

20 marzo, 2006

"La ilimitada cuestionabilidad de lo existente"

"... todo esto me persuadió de que el hachís hacía ya tiempo que había empezado a actuar sobre mí..."

"...También lo reconocí en la infinita dulzura del viento que en el lado contrario de la calle movía los flecos de las marquesinas. Acto seguido se hizo sentir la imperiosa necesidad de espacio y tiempo que experimenta el adicto al hachís. Como se sabe, es extraordinaria: al que acaba de fumar hachís, Versalles se le antoja pequeño y la eternidad le sabe a poco. A estas dimensiones colosales que adquieren las vivencias interiores, al tiempo absoluto y al espacio inconmensurable, no tarda en seguirles una sonrisa beatífica, preludio de un humor maravilloso, mayor aún, si cabe, debido a la ilimitada cuestionabilidad de todo lo existente."

Walter Benjamin
Myslowitz-Braunschweig-Marsella:
la historia de un fumador de hachís,
Historias y relatos.

19 enero, 2006

Caminos

Nada adquiere valor por sí mismo. Todo se inscribe en un recorrido (amores me han dicho que "todo" y "nada" son palabras espantosas y soberbias; pero nada adquiere su valor por sí mismo).

¿Cómo es que uno se queda, luego de haberse visto obligado a leerlo en la escuela, con la idea de que García Lorca era un español, con suerte se entera uno que puto, que escribía pavadas romanticonas, medio bobaliconas, y que su principal mérito, vistos los bodrios a que nos sometía la maestra, era haber muerto fusilado por la dictadura franquista (por republicano y por puto)?

Por suerte, la vida tiene caminos largos y sinuosos y yo me olvido de García Lorca y salto al momento en que alguien me hace escuchar a Leonard Cohen. Es entonces que llego a Take this Waltz, me enamoro de la dulzura de Jennifer Warnes haciendo la segunda voz de la estrofa final y quedo colgado de imágenes maravillosas: "there's a tree where the doves come to die", "on a bed where the moon has been sweating".

Algún tiempo después, porque había aprendido a disfrutar de la voz de Cohen, me hice de I'm your man y al leer el booklet (soy de los que leen los booklets) descubro que Take this waltz está basado en un poema de Lorca. Nada pasó entonces más que la incorporación de un dato erudito que se almacenó en ese lugar abarrotado de mi cerebro donde acumulo saberes superfluos.

Mas un día, en una mesa de saldos de supermercado, me encuentro hojeando "Poeta en Nueva York" y me doy cuenta de que contiene el "Pequeño vals vienés", aquel que había inspirado a Cohen. De repente, dos cosas disímiles tenían ese mágico enlace y una luz se hizo. Me llevé "Poeta en Nueva York", mi primer libro de García Lorca.

"Dejaré mi boca entre tus piernas", dice Lorca en el Pequeño vals vienés. Qué buen lugar para dejar la boca, qué buen lugar para que una boca se quede. Encontré que Lorca no era ningún bobalicón, que era un poeta sensual, que sabía de los olores del sexo y de dónde había que meter la boca.

Y la versión de Cohen y el original de Lorca empezaron a dialogar y se enriquecieron:





Now in Vienna there are ten pretty women.
There's a shoulder where death comes to cry.
There's a lobby with nine hundred windows.
There's a tree where the doves go to die.
There's a piece that was torn from the morning,
and it hangs in the Gallery of Frost

Ay, ay ay ay
Take this waltz, take this waltz,
take this waltz with the clamp on its jaws.

I want you, I want you, I want you
on a chair with a dead magazine.
In the cave at the tip of the lily,
in some hallway where love's never been.
On a bed where the moon has been sweating,
in a cry filled with footsteps and sand

Ay, ay ay ay
Take this waltz, take this waltz,
take its broken waist in your hand.

This waltz, this waltz, this waltz, this waltz
with its very own breath
of brandy and death,
dragging its tail in the sea.

There's a concert hall in Vienna
where your mouth had a thousand reviews.
There's a bar where the boys have stopped talking,
they've been sentenced to death by the blues.
Ah, but who is it climbs to your picture
with a garland of freshly cut tears?

Ay, ay ay ay
Take this waltz, take this waltz,
take this waltz, it's been dying for years.

There's an attic where children are playing,
where I've got to lie down with you soon,
in a dream of Hungarian lanterns,
in the mist of some sweet afternoon.
And I'll see what you've chained to your sorrow,
all your sheep and your lilies of snow

Ay, ay ay ay
Take this waltz, take this waltz
with its "I'll never forget you, you know!"

And I'll dance with you in Vienna,
I'll be wearing a river's disguise.
The hyacinth wild on my shoulder
my mouth on the dew of your thighs.
And I'll bury my soul in a scrapbook,
with the photographs there and the moss.
And I'll yield to the flood of your beauty,
my cheap violin and my cross.
And you'll carry me down on your dancing
to the pools that you lift on your wrist

O my love, O my love
Take this waltz, take this waltz,
it's yours now. It's all that there is.
En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orilla tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

Muchas veces me ha pasado llegar antes a la versión que al original. Suele ser un camino sorprendente. En este caso, me fijo en estos detalles maravillosos: "las diez muchachas" que para Cohen son necesariamente (y simplemente) "pretty women", la "boca cerrada" que debe tomar el vals es el propio vals, pero "with the clamp on its jaws", esa "nuestra cama de la luna" que para Cohen es "the bed where the moon has been sweating", o "la muerte para piano que pinta de azul a los muchachos" que se transforma en un "bar where the boys have stopped talking, they've been sentenced to death by the blues" (qué lindo pensar que una pieza llamada "muerte para piano", anudando en un bar lo azul, la tristeza y el blues, te deje sin palabras, ya una forma de muerte).

Cohen hace magia y hay tortugas y mendigos que desaparecen, hay cosas que cambian de lugar, un sepulcro es una cruz (y la cruz, eso que se carga, es un destino, como el sepulcro) y bueno, parenmé, que si no les cuento otra vez los dos poemas, que para mí son una unidad de ideas y emociones, una red de reenvíos mutuos. Pienso en la versión de Lorca cuando escucho a Cohen, escucho la voz de Cohen cuando leo a Lorca...

Se sabe: la escuela hace daño, pero la vida da segundas oportunidades, a veces. Y por fortuna alguien llevó mi atención hacia Leonard Cohen, y Leonard Cohen llevó mi atención hacia Federico García Lorca. Qué suerte que tuve.