Nace el impulso de decir algo en el momento en que las palabras huelgan (huelgan, se niegan a hacer su trabajo, bajan los brazos, resisten). Angustia y desconcierto, no tenemos crédito de futuro. Aquí, sin embargo, es el lugar, en este espacio de electrones que él contribuyó a poblar de almas.
Ave, Hernán.
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16 octubre, 2009
15 octubre, 2009
08 octubre, 2009
No creerías las cosas que he hecho por ella
Melvin: Tengo un cumplido para vos, es algo que pasó.
Carol: Me da miedo que vayas a decir algo desagradable...
Melvin: No seas pesimista, no es tu estilo. Bueno, es así: yo tengo esto... digamos, ¿una enfermedad? Mi doctor, un petiso al que iba a ver todo el tiempo, me dijo que, en el 50 o 60% de los casos, una pastilla realmente ayuda. Yo odio las pastillas, son cosas jodidas, las odio. Y estoy usando la palabra "odio", ahora, para las pastillas. Odio. Bueno: mi cumplido es que aquella noche cuando viniste y me dijiste que vos nunca... bueno, estabas ahí, sabés lo que dijiste. Mi cumpido para vos es que, a la mañana siguiente, empecé a tomar las pastillas.
Carol: No entiendo por qué eso sería un cumplido para mí.
Melvin: Vos hacés que yo quiera ser un hombre mejor.
Carol: Ese es tal vez el mejor cumplido de mi vida.
Melvin: Bueno. Por ahí exageré un poco. Apunté el tiro como para lograr que no te vayas...
Son Jack Nicholson y Helen Hunt, en Mejor Imposible.
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Dudoso lugar en la nebulosa: cine-visión, el fantasma de Menard, la ilusión de unidad, voces prestadas
22 septiembre, 2009
Descartes
De las diversas formas del voyeurismo que el uso regular del transporte público facilita, la de pispear qué leen los compañeros de viaje es una que practico desvergonzadamente.
En un mar de fondo de browns, grishams y cohelos, cierta vez descubrí una tapa revestida en cuero, un papel grueso y amarillento, una página llena de subrayados: alguien leía, encadenado a La Plata, el Discurso del Método. ¿Quién puede leer en el micro a Descartes? ¿Para qué? ¿Cómo es su vida, cuáles son sus sueños, cuáles sus preocupaciones?
No abundaré en la hipótesis de la superioridad de tal o cual literatura sobre otra. No esta vez, al menos. No es porque sea Descartes y le otorgue un valor intrínseco superior o algo así. Fue la ocurrencia de lo improbable lo que llamó mi atención.
Me fijé en la gracia de algo como una voz que, sin esperarla, brota de eso que parece ruido blanco, como las figuras que uno a veces escoge adivinar en la estática del televisor, conjurando la indiferencia, el caos.
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Dudoso lugar en la nebulosa: digresiones
18 septiembre, 2009
Friday Mood Blues
¿Y si me levantara y saliera trotando? ¿si de pronto me pusiera a cantar? ¿si saliera por la puerta sin decir hasta luego y me mandara a mudar? ¿si hiciera algo? Algo, algo que debe ser hecho para que el tiempo pase sin que uno se detenga a medirlo, discreto, pudoroso y confiado (confiado de que no necesita andar haciéndose notar). Para llenar globos de helio es necesario respirar burbujas y espirar incandescencias. Sin embargo, los globos esperan turno y se amontonan contra el cielo raso. Un globo más un globo más un globo y el espacio aéreo del cuarto se va achicando, su límite superior va bajando y una nebulosa de globos de helio se convierte en un entorno apropiado para salir trotando, ponerse a cantar o cualquier otra cosa, esa cosa que se supone que es lo que sí, lo que llevará tu alma a la estratósfera, a celestialidades indiscutibles, más allá de los globos de helio.
Quizás mañana.
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Dudoso lugar en la nebulosa: no-relatos
13 septiembre, 2009
Ayudando con un examen de ciencias
(y dejando claro el concepto de rima consonante)
Reptiles y anfibios, clasificación
Yo soy un anfibio,
y siento gran alivio,
sobre el piso tibio,
en lo de Tito Livio.
Yo soy un anuro,
y no tengo un duro,
vivo sin apuro:
me cuelgo del muro.
Soy el urodelo:
no tengo ni un pelo
ruedo por el suelo
de lo de mi abuelo.
Entre los reptiles,
los hay muy febriles,
suman mil abriles,
fuman en narguiles.
Yo soy un quelonio.
Me llamo Polonio.
Vivo en San Antonio.
Me gusta el otoño.
Este es un ofidio,
raro bicho libio,
busca el piso tibio
junto a los anfibios.
Y ese es crocodílido.
Es un poco tímido
y se pone lívido
si lo buscan vívido.
Y con rincocéfalo,
busco por mi encéfalo
sólo encuentro "acéfalo",
"macro" o "microcéfalo".
Y nos queda un saurio
de corto anecdotario;
juega en un armario
y se siente otario.
(Todo lo cual debe recitarse al ritmo de una monótona cantinela de mi invención o tramposa memoria que, por suerte, no tengo con qué grabar, si no, ¡¡¡ahhh!!, también les sacudía, vean)
(PS: al nene le fue bien con el examen).
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Dudoso lugar en la nebulosa: momentos criollitas
30 julio, 2009
Que no es poco
Media hora después de que sonara el despertador, me levanto. Voy al baño, abro la ducha. Vuelvo al living y prendo la computadora mientras el agua toma temperatura. Subo el calefactor. Vuelvo al baño. Me desvisto, entro a la ducha, me baño. Salgo. Tirito, me seco. Me pongo una remera, un buzo, los calzoncillos. Busco el secador de pelo. Voy a la computadora. Mientras busco información del clima, me seco los pies. Un grado bajo cero, afuera. Me aplico la loción antimicótica. Me termino de vestir. En la cocina, pongo la pava al fuego, vacío el mate de la yerba de ayer, la renuevo. Espero. Con el mate, vuelvo a la computadora. Escribo esto. El calor del mate, recorriendo mis vísceras, me permite identificar una parte de mi que supongo esófago. El calor se difunde desde esa columna interior, por el pecho, el abdomen. Me acerco al punto final. El cuerpo está cálido, la casa también. Los demás duermen. Creo que estoy listo. Empieza mi día. Salgo al frío...
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Dudoso lugar en la nebulosa: la ilusión de unidad, no-relatos, retazos




