Montaña rusa


La nena más chica mira el trencito subir, bajar y dar vueltas a una velocidad atemorizante. Arrastrada por el entusiasmo de sus hermanos mayores, se aferra a mi pierna con miedo y fascinación. Me pide upa cuando vamos llegando al acceso de la atracción. Nos sentamos los cuatro en un vagón, los mayores adelante, la chiquitina y yo detrás. No se despega de mi cuerpo y se agarra de la barra de seguridad con toda su fuerza. El trencito arranca. Son exactamente cuatro vueltas, ni siquiera tan vertiginosas, no más de cuatro minutos. Todos gritamos en las bajadas. Mezcla de montaña rusa y tren fantasma, hacemos bromas al pasar junto a un gigante calamar de espuma, debajo de un tiburón enorme. El tren se detiene y bajamos. La beba a upa. Al salir de la atracción, la dejo de vuelta en el suelo.


“Otra vez”, me pide.

Parafilias

(El sujeto hablaba con serenidad. Al poco de comenzar la entrevista, me preguntó si podía fumar, si yo tenía un cigarrillo. Como no fumo, demostró un ligero fastidio y llamó al guardia. Le pidió cigarrillos. El guardia me miró buscando asentimiento. Se lo dí. Sacó un cigarrillo de su propio bolsillo. El sujeto lo tomó y se lo puso en los labios. El guardia le dió fuego. "¿Me dejás otro para después?". El sujeto es arrogante. El guardia volvió a mirarme buscando una indicación, visiblemente violento. Asentí con la cabeza. El guardia sacó otro cigarrillo del atado y lo dejó sobre la mesa. "¿Me dejás el encendedor? Cómo lo prendo, si no...". Esta vez el guardia no dudó. Metió el encendedor en un bolsillo y dió media vuelta. Salió del recinto. "Como si no pudiera prenderles fuego a todos de cualquier manera", dijo el sujeto.)



Entrando la puerta descalza,
descansas quedando dormida



(El cuarto estaba delicadamente en penumbra. Entraste sin hacer ruido, con el suéter en una mano, y te acercaste a la cama. Yo te miraba de cerca. Vos no podías verme, pero sabías que estaba ahí, esperándote. No podía estar en otro lado. Habíamos acordado la hora y el lugar. Dejaste el suéter a los pies de la cama y te recostaste vestida. Me acerqué a vos cuando tu respiración se hizo profunda.)



la superficie del ojo
y el borde de la cama



(Miré tu rostro plácido contra la almohada. Te acaricié el pelo, que caía sobre tus ojos, retirándolo. Te despertaste y me sonreíste. "Ya es hora?", preguntaste. "No, falta un poco. Descansá". Recordé el día de nuestro primer encuentro. Estabas así, igual que ahora y yo te acaricié el pelo y me sonreíste, entredormida. Me incorporé y fui al baño. Busqué el escalpelo y el cuenco.)



Y yo me pregunté si debía
o no
si debía lamentar lo ocurrido
si debía lamentar que vinieras



(El sujeto sonríe y aspira su cigarrillo. "Es el hambre, doctor, ¿sabe? Como en las películas. ¿Usted puede negarse a su hambre? Yo no. Me cruje en el estómago y tengo que salir a buscar. A veces la búsqueda se hace larga, pasan semanas y el hambre crece y es cada vez más urgente. Esta última vez la espera se me hizo interminable. Me puse nervioso, por eso me agarraron, estos pelotudos. ¿Cuántas dice? ¿Nueve? No, claro que no las conté. ¿Usted sabe cuántas milanesas se comió este mes?”. El sujeto tiene una clara comprensión de sus actos y no muestra signos de arrepentimiento)



tus dedos caían
morían
querían
pedían
pesaban
terriblemente



(Alzaste la mano buscando mi rostro. Te dejé tocarme y lamí tu herida. Dulce sabor metálico. Te acercaste a mi pecho y te abracé. Te sostuve. Dejé tu brazo colgar y coloqué debajo el cuenco. Fue como si volvieras a dormirte, de a poco. Volví a acariciarte el pelo. Miré la luna por la ventana y pensé en las historias de vampiros.)



alguna nueva comida,
alguna comida nueva



(Antes de comenzar la entrevista, releo mis notas: "...la víctima n° 9 fue hallada en el cuarto del Hotel Astorias. Como las anteriores, se encontraba vestida, descalza, acostada boca abajo sobre el lecho. El brazo izquierdo colgaba al borde de la cama y presentaba un profundo corte a través a la altura de la muñeca. El cuerpo no presentaba otros signos de violencia ni de agresión sexual. No obstante, los peritos descartan la hipótesis del suicidio. La víctima habría llegado al hotel por su propia voluntad. En todas las escenas del crimen, la presencia de diferentes ornatos rituales señalan que las víctimas se habrían ofrecido voluntariamente para alguna clase de sacrificio. Junto al lecho, en todos los casos, un cuenco presentaba rastros de haber servido para recolectar la sangre...”)



Detrás de las cosas que digo
no soy inocente



("¿Usted sabe qué gusto tiene la sangre, Doctor? Todos nos hemos lamido una herida alguna vez. La sangre es vida, Doctor. Ellas lo sabían y me la regalaron, para que yo viviera. Yo les explicaba y ellas comprendían. Habían escuchado antes historias de vampiros, no es algo que inventara yo, ¿no es verdad Doctor? Yo les decía que no era necesario que murieran, que yo detendría la hemorragia, que sólo se sentirían adormecer y que despertarían cansadas y un poco mareadas, pero que celebraríamos nuestro renacer con dulces y un desayuno suculento y saldríamos al parque, a caminar entre las flores nuevas y reiríamos y todo sería como un sueño y que mañana sería un nuevo día...")



...pidiendo una vida nueva.*



* Mañana será un nuevo día - Mister América
 

Lucas Pizarro y sus largos duelos

"Cabe preguntarse para qué se manifiestan 
los furiosos deseos resumidos en esos labios..."
Alejandra Pizarnik


...estoy en el subte y me fijo en una mujer que me recuerda (pobre de mi) a mi ex esposa.

El mismo color de pelo, los mismos pómulos marcados, la nariz dura, el mismo tic nervioso de morderse el lado interno del labio inferior.

Más allá de los rasgos físicos, similares unos a otros al evocarlos aisladamente, es esta manifestación del carácter la que captura mi atención.

¿Qué significa un tic? ¿acaso es la señal de algo? ¿es siempre síntoma de lo mismo? ¿es acaso la rumia de una misma rabia la que lleva a dos mujeres distintas a morder con igual insistencia su propio labio?

Por las dudas, aunque es bella y me sostiene la mirada, no le hablo.

Hello world (so it goes)

Los ritmos de la vida y los de la electricidad no necesariamente coinciden.

Hace dos días, Luc festejó los diez años de Resacas con un relanzamiento. Algo (muy breve) dije al respecto en La Red Social, pero no lo dije aquí (navegamos a la vez dos mares de aguas diferentes; será cuestión de probar nuestra marinería). Fueron dos días en que habité el mundo real y, la verdad, es que escribir en un blog, componer un post, requiere un tiempo y una dedicación que La Red Social, toda ella tan práctica, tan automática, tan frictionless, no requiere.

Pero como es casi una cuestión de principios, vengo a enmendar ahora.

Resacas vive porque Luc así lo desea. Viva Resacas.

(Como dice Javier, es cuestión de enriquecer la web. Exagerando un poco -pero, para ser honesto, no creo que mucho- enlazar de la manera que dice Javier es hoy casi una declaración política.)

Enlaces, señores, enlaces. Una economía del don y una ética de la lectura (leer con dedicación, en perjuicio del meme).

No tenemos que olvidar tampoco una idea del viejo McLuhan: toda tecnología convierte a la tecnología que la precedió en una forma de arte.

Salud, blogueros.
Ahí va el Capitán Beto
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