06 noviembre, 2006

Tres golpes

A ver, hagamos la prueba. Digamos, digamos que el sexo es muerte. Digamos que el hastío, y que la mujer no existe, y que puto el que lee. Digamos, digamos todo eso y veamos qué ha cambiado. Si acaso tu boca fuera a acercarse más por eso, si acaso mi coraje fuera a ser más como para intentar el abrazo y el beso. Ahora que lo hecho hecho está y qué remedio, ahora que la otredad rotunda de esos otros de que somos causa y origen y circunstancia nos convoca a quehaceres nimios pero no por ello menos vitales, ahora que el termómetro marca 38 (y medio) y las vísceras se han dado vuelta como guante, como media, como bolsa de nylon, como explosión de bilis y moco y sobre todo eso, ¿no?, como si decir todo esto así o asá fuera a hacer que mi coraje y que tu boca, que la fiebre y que esos otros. Nah, no es así, o no necesariamente, no es cuestión de abundar en truculencias cuando a veces el pánico es tan minúsculo como esa gota, esa lágrima, esa cosita de nada, gracias, de nada, no hay de qué, no hay por dónde, no hay cómo, si no sabrías explicar el por qué del miedo y, si supieras, ¡qué remedio!, ¿quién puede sentir tu miedo en tu lugar?, porque el pánico no entra en la palabra, o entra, pero no se queda, o si, quién sabe. A ver, hagamos la prueba: digamos "cadáver" digamos "podredumbre" digamos alguna otra palabra grande, bruta, violenta, a ver, qué pasa, ¿se ha manifestado el fantasma?, ¿la señora gorda que nos hizo juntar las manos sobre la mesa ha comenzado a levitar? Escuchen, vean: ¡fueron tres golpes! ¡Yo los escuché! Con la diáfana claridad de los timbales. Tres golpes, o 400, ¿fantasma locuaz o apenas obse?, ¿conoce la diferencia la señora gorda? Ahora murmura. Quiere llevarnos a creer que tiene algo que decir o que algo le ha sido comunicado, que para eso es medium. Entremezcla palabras grandes, violentas, brutas. Si hasta ha logrado hacernos sentir su aliento fétido (¿habrá estado chupando una pija sucia?). A lo mejor sí, el fantasma ha venido a satisfacer el morbo de los oficiantes, que inclusive, hacen como que tienen miedo. Fueron tres golpes. Y los escuché claramente.

7 comentarios:

Mariana dijo...

Pienso en los tres golpes y de pronto resuenan tres palabras...Amor, Locura y Muerte.
Saludos!

Dahlia dijo...

Oiga! gran descubrimiento el de este imperio de homigas! un placer.
En el carácter residual, carcelero y a veces inoperante de las palabras radica su magia insoportable.
Jamás podremos reflejar nada en ellas. Pero en el intento se descifre quizás una mínima cosa, como si le sacaramos un poco de polvo a nuestro equipaje.
Después de todo, percibí tres golpes verbales en tu texto. Y no está nada mal...
un gran saludote.

Isabel Romana dijo...

También yo los oí. Y, sin embargo, me pareció que resonaban dentro de mi cabeza, no fuera. Saludos cordiales.

Pablo dijo...

Es que toda cosa se hizo en tres llaves, mi estimada: lo que se vé, se ama, se pierde ;-)

Y me quedo pensando en los Cuentos de amor, de locura y de muerte y en la selva misionera y en sus terrores. La gallina degollada... El espanto que me causó ese cuento (tendría doce o trece años cuando lo leí) nunca nada más me lo volvió a causar. Leí a Quiroga antes que a Poe, que ya no pudo causarme ese espanto. Gracias, Mariana, por recordarme a Quiroga!

Gracias Dahlia por tus amables palabras. Había uno que decía que el lenguaje entra en lo real como un arado: algo saca, pero algo queda. Bienvenida.

Isabel: yo pensaba lo mismo, hasta que ví que los cristales de la habitación vibraban en compás... quizás ese sea el trabajo de los mediums... Bienvenida también!

8/11/06

Puck Robin dijo...

Sin saber muy bien por qué los últimos quince días estuve oyendo mucho "Téster de violencia", y también "Don Lucero"... Una vez más, Catedral me es como un deja-vu, o mejor: un deje-mé (Pablo entenderá esta desinencia).

Salud, Pablo.

Mariana dijo...

Bueno Pablo parece que son así las cosas que resuenan. Una cosa trae a la otra y mientras tanto escucho a Spinetta. Lo escuché mientras leí el post.
También me acuerdo de la primera vez que leí La gallina degollada o el Almohadón de plumas y hasta de un especial que pasaron en el viejo canal 7 con los cuentos de Horacio Quiroga ( de él hacía Perón, digo el actor este tandilense...ohh, me olvidé del nombre)
En fin, saludos. Como diría ud, me fuí de mambo.

Pablo dijo...

Las asociaciones, como las sociedades, tienen su lógica.

Capaz que deja-vu, Puck, o una falla en la matriz o quizás la coherencia de eso que un fulano que seguramente apreciás llamó "episteme" ;-)

Laplace!!! Mariana, te referís a Víctor Laplace... ¿era de Tandil? Mirá vos, no tenía idea.

Abrazos...