23 marzo, 2007

De la trozabilidad del alma

Por las calles del centro porteño pueden verse los carteles de un fulano que anuncia la presentación de un disco llamado "Trozos de mi alma 2".

Sin ánimo de faltarle el respeto al fulano, debo advertir que no lo conozco a él ni a su obra. Lo cual no debe entristecernos a ninguno de los dos, puesto que estadísticamente siempre es más la gente que no lo conoce a uno que la que sí, por muy famoso o significativo que se sea. Eso puede decirse hasta de los Beatles, más famosos que Cristo, pero, con mucho, ignotos para una importante masa de humanidad. Y la recíproca también es verdadera: hasta entre los muy famosos habrá gente de la que uno no tenga ni noticias.

Pero, salvando esta digresión, lo que me ha sentado frente al teclado es el nombre del disco de marras, "Trozos de mi alma 2". ¡¡¡¡Dos!!!!

Hemos de suponer que el alma de este señor es tan grande como para desagregarse en tantos trozos que le quedaron algunos como para hacer un segundo disco.

Si concedemos a la creencia acerca de la naturaleza inmaterial del alma, podemos suponer que su facultad de trozarse es infinita, lo cual nos expone a una serie de "Trozos de mi alma" aún más larga que la saga Rocky (ya consolidada como unidad de medida de toda serie larga, en perjuicio de recursos matemáticos más rigurosos).

Pero al mismo tiempo, esta concesión nos coloca en posición de cuestionar la trozabilidad del alma, puesto que sería legítimo preguntarnos si puede desagregarse en trozos algo inmaterial. Podemos preguntarnos si puede trozarse a Dios, o a la bondad o a cualquier otra entelequia del gusto del condescendiente lector.

De lo que se sigue que la hipótesis subyacente en el título de la obra es la de que el alma en realidad es algo material. En ese caso, su capacidad de trozarse es limitada, por esas pueriles restricciones que afectan a la materia y que no estoy en condiciones de enumerar ahora, pero que para qué carajo exite la Wikipedia.

¡Hosana! Entonces la serie "Trozos de mi alma" es una serie finita. Qué alivio.

Luego, admitida la materialidad del alma (hipótesis que agradaría a Althusser), cabe preguntarse por sus condiciones de desagregación. ¿Los trozos corresponden a "partes", "componentes" o "elementos"? ¿O se trata sin más de "trozos", es decir, porciones arrancadas sin orden ni concierto y que de alguna manera desfiguran y corrompen el alma en cuestión?

En ese caso, ¿se nos propone como espectadores asistir a la desfiguración de un alma?

En todo caso, aceptada la hipótisis, nos retrotraemos a antiguas cuestiones acerca de la localización del alma en el cuerpo. La imagen es, vale decir, dantesca: nuestro artista aparecería en el escenario mutilado de su alma, ni siquiera completamente, porque sólo se trata de trozos, aunque como es la segunda tanda de tales trozos, hemos de imaginar que la mutilación es significativa.

Aunque quizás el alma participe de alguna manera de la naturaleza del pelo o de las uñas. Quiero decir: vuelve a crecer. Puede usted arrancarse a gusto trozos, ma' qué digo trozos, brutos pedazos de alma, en la confianza de que le volverá a crecer.

Ahora bien, si el alma participa de la naturaleza de las uñas, entregar sus trozos tiene un carácter, digamos, escatológico. Usted no anda por ahí regalando sus cachos de uñas recortadas, salvo que sea santo o semidiós de calaña análoga y sus pedazos busquen destino en dorados relicarios.

En cambio, el pelo tiene un carácter más romántico. Al menos, medievales doncellas han poblado romances y baladas de escalas hechas con sus trenzas y destinadas a facilitarle un buen polvo a su enamorado. O a simplificarle el escape de la muerte, preséntese ésta en forma de mujer con guadaña o de padre embravecido.

Pero, ¿se aloja el alma en algún lugar donde su ausencia sea apreciable? Analizando la morfología exterior de esos sujetos que se califica habitualmente de "desalmados", resulta palmario que no. La falta de alma no es algo que pueda observarse a simple vista. Aunque a decir verdad, gusta señalarse en tales sujetos un ensombrecimiento de la mirada, un rictus de la boca, alguna clase de arruga en la frente que los delataría. Vaya a saber.

Quizás el alma sea una especie de glándula, cuya falta priva al cuerpo de cierta hormona o secreción y que, aunque no resulte visible la ausencia de la glándula, puede adivinarse la extirpación mediante la somera observación clínica de cierta sintomatología.

Dicho to lo cual, no me imagino qué puede estar en juego en la presentación de un disco que se llama "Trozos de mi alma" (dos).

Parece algo así como que viene a ofrecer su corazón. Pero el corazón, no está de más recordarlo, ya te lo han dado.

9 comentarios:

Fodor Lobson dijo...

¿y si todo se reduce a un problema de puntuación?
¿y si en realidad es "Trozos de mi alma: 2"? Una licencia poética para decir que le partieron el alma. Entonces ya no tendría Ud. que preocuparse por si es una serie finita o infinita...

Pablo dijo...

¡Brillante, Fodor! ¡Me ha hecho reir de buena gana! Tiene razón. Me ha dejado sin palabras. :)

Pablo dijo...

Acabo de notar que escrbí ahí "hopótisis". Esa debe ser otra glándula...

Mariana dijo...

Lo terrible del muchacho en cuestión es que si sigue entregando trozos de su alma terminará por convertirse en un desalmado.

m. dijo...

Hay algo que me resulta igual de perturbador: esos trozos se multiplican en los discos que los contienen.

Bato dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Bato dijo...

4:00am. Acabo de suprimir un comentario que escribí en contra del pobre fodor (porque lo leí mal y creí que estaba bardeando al autor, que me agradó.) Esto se debe a que estoy completamente dormido y no debería estar navegando a esta hora. Dejo sin embargo mis felicitaciones a este último blog (el segundo de la noche): ejercitar el marote para la extinguida y valorable “prosecución de fines inútiles” (la frase es de Cortázar) no es algo que todos quieran ni puedan hacer bien. Señor Pablito: Ojalá continúes eligiendo el ingenio y la humildad.
¿Quién sabe? Nuestra alma quizá sea inmaterial, infinita, indivisible, inexistente. Pero en todo caso, habrá que seguir laburando para parecernos, al menos, a un atado de algo ;)

Rain dijo...

El alma jaqueada.
Como en una partida de ajedrez, en que lo abstracto se desliza fluidamente, el alma mo puede verse ni con microsocopio o con ecografías, eso creo.

Los trozos del alam, deben ser pedazos de moléculas invisibles, algo delirante Ché.

No, es algo de veras, diferente e inasible. Lo que pasa es que usted ha escrito con ironías que reunidas me han hecho imaginar un alma trozada, como si fuera un pedazo de vísceras de aire.

Es que usted escribe como pocos.
Gran salute.

Pablo dijo...

Mariana: eso en caso de que el alma no se regenere, claro. Pobre muchacho.

M: ¡no había pensado en esa dimensión! Claro, podríamos escribir sobre el estatuto del alma en la era de su reproductibilidad técnica ;-) O pensar en un lama fractal...

Señor Bato, no se meta con Fodor, eh, por favor! Jajajaja. Muy amables su palabras, haré lo que pueda. Bienvenido por este boliche.

Rain, quien sabe, la idea de "alma" es útil para pensar varios órdenes de problemas, ¿no? Un beso.