05 marzo, 2007

Lunes otra vez, como dice la canción

Mi hijo empezó segundo grado. ¡Está tan grande! Anoche la mamá se puso a prepararle la ropa y descubrimos que todos los pantalones le quedan como cinco centímetros cortos. ¡Creció cinco centímetros durante el verano! A mí me impresiona comprobar en algo tan nimio qué tan ciego puede ser uno. Aunque hablar de ceguera es injusto, porque yo hace varios días que vengo notando en mi hijo un cambio en su porte, en su prestancia física, en sus modos, algo que es cada vez menos niño y que no podría precisar, un modo de poner el cuerpo, de usar los brazos, algo en la nariz que ya no hace a la nariz de un niño. En todo caso, lo de los pantalones pone una marca, ofrece un indicador, es como las muescas que los antiguos, dicen, hacían en un hueso para marcar el ciclo de la luna. O, desde mi punto de vista, como la marca que hace en la pared un condenado a muerte...

10 comentarios:

la Luc dijo...

Cuánto extrañaba los momentos criollitas!

Hablando de "los chicos crecen", el sábado debutó mi nene (que está en segundo pero de la universidad) con su banda nueva como cantante.

Y así como vos te asombraste por esos detalles que día a día no se ven. Yo pensaba, mientras lo escuchaba cantar Perfect stranger mejor que Gillan; ¿cuándo fue que aprendió a cantar así?

Sí, se me cae la baba...

El Analista dijo...

Los envidio, aun no tengo hijos pero si un inmenso hambre por esas vivencias

Mariana dijo...

A fines del año pasado cuando la mayor de mis sobrinas recibía el título secundario, la miré y le pregunté cuando fué que había crecido tanto. La respuesta fué, tía es que vos también crecés.
Bueno, no soy madre pero imagino lo lindo que debe ser ir creciendo con tus hijos.

Pablo dijo...

Hola Luc, ¿sabés? Yo también los extrañaba. Qué grande tu "nene"! Ahora decinos cómo se llama la banda...

Anlista, son vivencias como cualquiera, no se vaya a creer. En lo personal, son las que me tocan.

Sabia, tu sobrina, Mariana.

Abrazos para todos

la Luc dijo...

La banda se llama Cruela Devil. En cuanto estén los videos chiflo para que veas que es así.

Eh! Y no son experiencias como cualquiera. Son las mejores y las más difíciles.

Pablo dijo...

Estamos pendientes, Luc!!

Y está bien, concedido: Analista, prepárese, son realmente vivencias sobrecogedoras. Tengo para mí que la crianza de un hijo, desde el punto de vista del padre, es el desafío de mirar cara cara a la propia muerte: cuando él sea es porque uno ha dejado de ser, al menos ha muerto como padre. Qué queda de uno cuando pasa a ser el padre muerto de (por) alguien es una pregunta para cuya respuesta me preocupo en ir creando material.

Pero si yo le digo todo eso lo amargo, vea. Pero es verdad, eso está lleno de momentos criollitas.

recién casada retornando de su luna de miel dijo...

A ese ya-no-tan-padre le queda, supongo,
entre otras sorpresas, la experiencia de hablar con su hijo de hombre a hombre. Y el abuelazgo, por supuesto!

Un beso grande!
Lu

Pablo dijo...

Lu!!! Bienvenida al pago! Sí, tenés razón. Lo del abuelazgo estárá por verse, porque no depende de uno, digo, el tener nietos no depende de uno. Ejercer el abuelazgo, llegado el caso, seguramente sí.

Y ser capaz de hablar con tu hijo de hombre a hombre depende de uno en, digamos, un 50 por ciento.

Pero es cierto. Agradezco la perspectiva que me ofrecen.

Otro beso para vos

Luciana dijo...

Creo que ser capaz de hablar con un hijo de hombre a hombre depende casi exclusivamente del hijo (que alcanza en ese acto el lugar de yanotanhijo-potencialpadre).Al menos esa fue mi experiencia con mis viejos... digo: ser adulto ante ellos es un paso que damos necesariamente solos, ¿no? No sería tal paso si ellos nos llevaran de la mano. Igual, usted verá, yo no soy madre aún... Sospecho que ese 50% que nos toca será, llegado el punto, no soltararles directamente la mano, sino simplemente no sujetarlos... Buéh, me estoy yendo por las ramas... siempre me pasa con las criollitas: como una y no puedo parar!
Beso!

Pablo dijo...

Ahí está lo curioso, en ese lugar indefinido que intuís en el no soltar la mano de golpe, en el no sujetar. De alguna manera, uno es uno de los que están entrenando al hijo en las competencias necesarias para que, cuando le llegue su momento, sea capaz de "matar al padre", digo yo, un poco (bastante) pomposamente.

Sí, las criollitas son un viaje de ida.

Un beso, Lu.