16 marzo, 2007

Para una refutación de la gravedad

Para mi amigo Darío,
un hombre que vuela.

Hay un arte que envidio sinceramente: véanlos, con cada brazo golpean un plato distinto, descargando, cada tantos, un golpe seco al redoblante y los pies, en un vértigo danzante, se liberan del suelo por interpósitos pedales. El cuerpo mantiene apenas un contacto suave ya no con la materia sino con el tiempo, apenas apoyado en la banqueta (una ilusión óptica o la inercia de esperar que haya un asiento): ¡mentira!, véanlos, esos hombres, los bateristas, flotan.

2 comentarios:

JLO dijo...

Soy baterista -uno de fines de semana o de ratos libres- pero me siento aludido igual... gracias che...

y te dejo un link mio para q entiendas mas como viene la mano ja... saludos...

http://ceaa.blogspot.com/2006/11/bateristas.html

Pablo dijo...

No hay de qué. Me pego una vuelta por ahí.