23 mayo, 2007

All that Jazz...

Dígase: cuando ando con ganas de descubrir música, uno de los lugares adonde voy a revolver es entre los posts de Julieta, en Vacío. Esta vez, me encuentro con este franchute que le da al pianito parece que desde que era así de chiquitito, meta jazz y música clásica, y, en la posición 5 de la lista de temas, noto una canción de título Black Dog. Me pregunto: "¿será?", y cuando le llega el turno ahí está, inconfundible, poderoso, a mero piano, ese riff, lo parió qué riff.

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Y un tratamiento armónico que descubre lo que de rotoso y cabrón tiene la guitarra de Page, lo cascado de la voz de Plant. Después viene el clásico delirio jazzero sobre una que sepamos todos. Pero ahí está ese esfuerzo...

Se me antoja fijarme en que ese tratamiento armonizado de la melodía, donde suenan varias voces, descubre algo que es de naturaleza yo diría tímbrica en la versión a una sola voz de Plant. Algo que Plant logra con una única fuente de sonido, con un instrumento monofónico, este tipo busca capturarlo con un instrumento polifónico de caracteres tímbricos completamente distintos.

Un esfuerzo, un experimento. Y pienso que en la idea musical de "versión" hay algo que me gusta y es que ante estos esfuerzos puede suspenderse toda pretensión de exégesis. En otro ámbitos, la tentación exegética suele parecerme mayor, suele ser más insoslayable la sospecha de que quien aborda de nuevo un tema tratado por otro, lo hace con la pretensión, explícita o no, de dar con el "verdadero" sentido, de dar con lo que tal o cual verdaderamente quiso decir.

En la música, especialmente en el jazz (y trato de retomar algún aspecto de lo que no acerté a tratar en este post), no hay lugar para preguntarse por la versión "verdadera". Podemos hablar de la que nos gusta más o de la que no nos gusta para nada, de la más conocida, de la fundante de tal o cual cosa, de la que marca un hito, incluso de la "original" o cronológicamente primera, pero preguntarse por la "verdadera" carece de sentido.

Cuando escucho a un músico versionar, me gusta pensar que se propone algo así como exponernos lo que él escucha en aquellos otros sonidos. Este franchute escuchó Zeppelin de chiquito y un día, cuando se sentó a un piano, dijo: "yo, a Zep, lo escucho así" (y escribo esto y me acuerdo de este post de Vero).

Nunca faltarán fundamentalistas y metafísicos que dirán que lo que ese tipo hace es un sacrilegio, que la Palabra ya fue pronunciada por Led Zeppelin y que cualquier otra cosa merece el fuego: "si esos libros hablan de Alá, repiten el Corán, por lo tanto, nada se pierde si los quemo; si no hablan de Alá, son heréticos y nada se pierde si los quemo", dicen que argumentó el sheik o califa o no me acuerdo qué que mandó quemar la biblioteca de Alejandría.

La Palabra o las palabras.

5 comentarios:

Puck dijo...

Todo esto que decís tan claro me parece macanudo y cómo me gustan estos posts que cada tanto nos permitís. Y pienso en la idea de "take", muy propia del jazz: ya no un artista versionando a otro, sino el mismo artista -o el mismo grupo de músicos- "contando" diversamente un tema. Hay en los takes algo que supera al rehearsal pero así y todo no los clasifica para el álbum (y ahí hay en casos límite el resguardo de un vellocino dorado), y por eso son tan comunes en las reediciones o ediciones aumentadas. No?

Un take como una interpretación única, irrepetibel. Qué lejos queda así la idea de "la- versión- Miles- Davis- de- Limbo". Digo Davis sólo porque es uno de los músicos de jazz que más escucho, que más finito leo. Takes y takes de "Limbo", por ejemplo, y quizá -seguro- lo que nos llega son sólo los pickupeados por el curador/editor del reissue del caso. Ahora, entusiasmado: pienso en todas las versiones que Miles pudo haber producido de "Limbo" durante sus distintas etapas, y ahí dentro durante las diversas semanas, y ya que estamos en envión cada uno de esos días en que las manos le picaban tanto, y... en fin, ya se entiende, supongo.

Las palabras.

P. C. dijo...

Últimamente, cuando vengo, es para decir algo sobre jazz. Hoy, por ejemplo, te cuento que ayer fui a ver a Anthony Braxton a El Dorrego (festijazz en BA). En fin.
Bromeando un poco, podriamos decir que cada "take" se aproxima al tema, sin llegar nunca a tocarlo. El tema-en-sí está fuera del alcance de todos los músicos.

Pablo dijo...

¡Buenísima, Puck! ¡Claro, la toma! Llevás mi razonamiento a una consecuencia lógica, y sigo: cada vez que lo tocó en vivo, cada "versión" de la que no hay registro... "cada uno de esos días en que las manos le picaban tanto"... eso me encantó. La picazón y las manos...

PC, esperaba un ramalazo esencialista como el que anticipé en el post, pero lo del "tema-en-si" supera todas mis especulaciones, jajajaja!! La Gran Especulación es establecer qué es el tema-para-sí...

Vero dijo...

Ante todo, Pablo, me halaga que te acuerdes de ese post, ¡es reviejo! Muchas gracias.
Ahora sí: este Black Dog me pareció genial, poderoso. Me gusta el marcado in crescendo y el reviente del piano al final. Fui a escuchar el de Zep y volví a escuchar éste (te imaginás que no voy a caer en la estupidez de compararlos para decir cuál es mejor) para ver cómo los quiebres o los dobleces en la voz de Plant se reflejan acá. Repito: genial. Es cierto que hablar de exégesis no tendría sentido acá (la verdad, los exégetas en cualquier plano son la mar de antipáticos).
Un beso.

Vero dijo...

Exégesis, hermenéutica, interpretación, el ansia de encontrar un sentido verdadero. Me quedé pensando en eso y me fui a buscar el ensayo de Sontag, Contra la interpretación. Termina así: "En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte".
Además: ¿escuchaste la versión instrumental de John Paul Jones en Zooma? Es buenísima, tiene un aire western impensado en el original.