22 enero, 2010

Übermensch

"273. ¿A quien llamas malo? - Al que quiere avergonzar siempre.
274. ¿Qué tienes por lo más humano? - Ahorrar a alguien la vergüenza."

Nietzsche, La Gaya Ciencia.

¡Enfermos! Jodiendo al personal, enrostrando al otro su falla, todo el tiempo, sádicos metódicos, buscando el lugar donde duele para aplicar ahí presión. Forman parte del paisaje, están presentes, abundan, inevitables, orgullosos de su juego, adorando las mayúsculas del nobiliario título de Hijo de la Gran Puta, mierdas, soretes insufribles del hostigamiento. "¡No soy débil", se recuerdan todo el tiempo, incansables, fortísimos. Vanidosos narcisistas, inhumanos suprahombres, incapaces de nada mejor, se procuran sutura mediante el esfuerzo por ser los mejores y más grandes peores, El Malo por antonomasia. Resentidos de que Dios no exista, no tienen mejor idea que devenir satanases, encarnación del Mal: el Mal Necesario....

12 enero, 2010

Dibujos

El rey despertó esa mañana presa de la inquietud. Había tenido un sueño, vago e impreciso, que había dejado oscuridad en su alma. Consultó el oráculo, que fue diáfano: debía guardar una penitencia para apaciguar a los dioses. A su juicio quedaba el carácter de la mortificación. El resultado fue la muda angustia y la sorda incertidumbre, de las que era imposible extraer indicación o sugerencia. El rey atendió los asuntos de su estado. Ordenó sacrificios humanos. La noche llegó y trajo el sueño aciago. La mañana lo llevó desesperado ante el oráculo, que fue diáfano: la mortificación debía pesar sobre el rey mismo. Se clavó en la espalda las rituales espinas y caminó sobre las antiguas brasas. La noche no trajo la paz: los dioses seguían insatisfechos. El rey consultó el oráculo una vez más, que se negó a dar razón: lo que debía ser dicho había sido ya pronunciado. Enloquecido, el rey decidió huir. Caminó sin rumbo por el altiplano. Varias veces giró la luna. Cada mañana, el alma del rey despertaba oscurecida por el sueño de la víspera. Quiere la crónica que el rey regresara al punto de partida al cabo de numerosas lunas. Esa noche soñó su largo periplo. Una divinidad menor lo cargaba en su carro de fuego y lo elevaba al cielo, para que pudiera ver el dibujo creado por sus pasos. A los ojos de los dioses, había trazado nítidas imágenes en las arenas del valle de Nazca. El rey amaneció muerto y pretende la crónica que su rostro mostraba calma.

01 enero, 2010

"Otras verdades vendrán
diferentes"



Me gusta esta canción. Vuelvo a postearla.

A la memoria de Hernán, cuya ausencia aún no puedo creer. A la memoria de mi abuela, que me enseñó a jugar.

A la salud de aquello que ha llegado sin buscarlo y de lo que he buscado al pedo. Por aquello en que nos hemos convertido.

Por las pasiones que vendrán. Por el tiempo perdido.

Por los hijos que vendrán, recitando.

Por todos los hechos que vendrán a terminarse.

15 diciembre, 2009

un desenlace



"...y el perro, el gato, el roble de sombra amable, la casa, el auto,
una esposa y dos hijos. He cumplido. Papá debería estar contento y
orgulloso. Pero yo estoy hecho todavía este manojo de nervios, esta
incerteza que camina, este montón de furia acorralada, esta mierdita. Y
nada podrá hacer el fuego, porque el perro, el gato, el roble, la
casa, el auto, la esposa y los dos hijos serán ceniza, pero yo seré
todavía este manojo de nervios..."

12 diciembre, 2009

Una de espadas y dragones


"...yes, he knows how to build a fire,
but I know how to inflame a cunt.
I shoot hot bolts into you, Tania,
I make your ovaries incandescent
...."

Henry Miller, Tropic of Cancer.

Después de que el dragón dejara simiente en el culo de su potro blanco, William Francis Fyrbildere murió de furia. Había sido derrotado.

La bestia tenía ahora el camino libre para buscar a la princesa de Oriente que los druidas galeses sueñan todavía más allá del Canal, más allá del Rin, más allá.

Cuando el dragón emprendió la marcha, hubo un flamear de palomas, un remover de arenas, terror de mangostas e hilos e hilos de zorros, blancos, pánicos, fugaces.

El dragón se acercó a la mujer y disparó sus rayos ardientes. Hubo un flamear de palomas y un terror de mangostas.

Fueron blancos, pánicos, incandescentes.