13 julio, 2009

Cosas que nunca te dije

"Tenemos que llegar a alguna parte."
El Viejo, Faulkner.


"Supiste que algo no estaba bien. Notaste los síntomas, pero equivocaste las causas. ¿Lo recuerdas? Estabas embarazada de nuestro segundo hijo y yo leía Las Palmeras Salvajes, de Faulkner. La famosa traducción del argentino Borges, aquella que reemplaza un 'Bitches!' por un '¡Mujeres!', en una de esas ediciones que venden junto con los periódicos. La había encontrado en una librería de viejo cercana a las ramblas. Puedes sentir el olor del mar desde allí. Joder, que esa lectura marcó mi estado de ánimo. No fue falta de amor, no fue hostilidad hacia nuestro nuevo hijo lo que hizo que no le cantara las suaves canciones de cuna con que había acompañado el crecimiento del anterior. No: fue el desgarro horrible entre la pena y la nada que me llamaba desde tu vientre hinchado, fue el frío ingrato de los bosques de Alaska, la muerte infame y la huida sin sentido. Fue el espanto que sintió esa parte de mí que tomó conciencia de que estaba a la deriva en medio de la inundación llevando hacia ningún lado a una mujer embarazada."

2 comentarios:

el que sabe, sabe; y el que no, tiene un blog dijo...

Por fin; el epílogo será el festín de los tiburones.

Pablo dijo...

No sé, che, pensaba mas bien en aquello de elegir la pena, pero sí, capaz que hay epílogo y es ese que decís...