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15 octubre, 2009
08 octubre, 2009
No creerías las cosas que he hecho por ella
Melvin: Tengo un cumplido para vos, es algo que pasó.
Carol: Me da miedo que vayas a decir algo desagradable...
Melvin: No seas pesimista, no es tu estilo. Bueno, es así: yo tengo esto... digamos, ¿una enfermedad? Mi doctor, un petiso al que iba a ver todo el tiempo, me dijo que, en el 50 o 60% de los casos, una pastilla realmente ayuda. Yo odio las pastillas, son cosas jodidas, las odio. Y estoy usando la palabra "odio", ahora, para las pastillas. Odio. Bueno: mi cumplido es que aquella noche cuando viniste y me dijiste que vos nunca... bueno, estabas ahí, sabés lo que dijiste. Mi cumpido para vos es que, a la mañana siguiente, empecé a tomar las pastillas.
Carol: No entiendo por qué eso sería un cumplido para mí.
Melvin: Vos hacés que yo quiera ser un hombre mejor.
Carol: Ese es tal vez el mejor cumplido de mi vida.
Melvin: Bueno. Por ahí exageré un poco. Apunté el tiro como para lograr que no te vayas...
Son Jack Nicholson y Helen Hunt, en Mejor Imposible.
22 septiembre, 2009
Descartes
En un mar de fondo de browns, grishams y cohelos, cierta vez descubrí una tapa revestida en cuero, un papel grueso y amarillento, una página llena de subrayados: alguien leía, encadenado a La Plata, el Discurso del Método. ¿Quién puede leer en el micro a Descartes? ¿Para qué? ¿Cómo es su vida, cuáles son sus sueños, cuáles sus preocupaciones?
No abundaré en la hipótesis de la superioridad de tal o cual literatura sobre otra. No esta vez, al menos. No es porque sea Descartes y le otorgue un valor intrínseco superior o algo así. Fue la ocurrencia de lo improbable lo que llamó mi atención.
Me fijé en la gracia de algo como una voz que, sin esperarla, brota de eso que parece ruido blanco, como las figuras que uno a veces escoge adivinar en la estática del televisor, conjurando la indiferencia, el caos.
18 septiembre, 2009
Friday Mood Blues
Quizás mañana.
13 septiembre, 2009
Ayudando con un examen de ciencias
Reptiles y anfibios, clasificación
Yo soy un anfibio,
y siento gran alivio,
sobre el piso tibio,
en lo de Tito Livio.
Yo soy un anuro,
y no tengo un duro,
vivo sin apuro:
me cuelgo del muro.
Soy el urodelo:
no tengo ni un pelo
ruedo por el suelo
de lo de mi abuelo.
Entre los reptiles,
los hay muy febriles,
suman mil abriles,
fuman en narguiles.
Yo soy un quelonio.
Me llamo Polonio.
Vivo en San Antonio.
Me gusta el otoño.
Este es un ofidio,
raro bicho libio,
busca el piso tibio
junto a los anfibios.
Y ese es crocodílido.
Es un poco tímido
y se pone lívido
si lo buscan vívido.
Y con rincocéfalo,
busco por mi encéfalo
sólo encuentro "acéfalo",
"macro" o "microcéfalo".
Y nos queda un saurio
de corto anecdotario;
juega en un armario
y se siente otario.
(Todo lo cual debe recitarse al ritmo de una monótona cantinela de mi invención o tramposa memoria que, por suerte, no tengo con qué grabar, si no, ¡¡¡ahhh!!, también les sacudía, vean)
(PS: al nene le fue bien con el examen).